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jueves, 10 de septiembre de 2009

Por la noche...

la luna

El domingo por la noche, me fui a buscar la luna llena a la playa.

Me quedé en la orilla, sentada en la arena mirando el horizonte, esperaba atenta la aparición de una luna avergonzada o quizá roja de ira, quien sabe… lo más seguro es que debido al reflejo del sol, se viera ardiente, por decirlo poéticamente.

La cuestión es que allí estaba, esplendorosa, saliendo del agua en la oscuridad de la noche, sí púrpura, y a medida que ascendía con todas sus fuerzas, cambiaba de color como si se sacudiera la sangre con que hubiera sido teñida. (¿Cuántas masacres habrán ocurrido ese día?) Pasó del naranja al amarillo, para terminar en un blanco reluciente. Dejó su reflejo en el agua. Entonces pensé en llevármela y ponerla en la plaza.

En el nuevo paseo Gracilaso, los faroles competían descaradamente con ella pero yo la protegía entre los árboles y la custodié hasta depositarla en la plaza, y allí quedó hasta el amanecer.
«Misión cumplida» pensé, y me fui a dormir satisfecha.

©Susana Sosa Villafañe

2 comentarios:

Lola Mariné dijo...

Que gusto contemplar la luna en la playa.
Lo que no me parece bien es que te la llevases a tu plaza ¿y los demás qué? jajaja...

Susana Sosa Villafañe dijo...

No pasa nada con ser egoísta por una noche. Te aseguro que no la "secuestraré" nunca más. Aunque eso no signifique que no la pueda tomar prestada alguna que otra vez.

Cariños